Federico García Lorca

08.05.2018

La casa de Bernarda Alba. Modelo de comentario.


ADELA. En vez de limpiar la casa y acostarte para rezar a tus muertos buscas como una vieja marrana asuntos de hombres y mujeres para babosear en ellos.

LA PONCIA. ¡Velo! Para que las gentes no escupan al pasar por esta puerta.

ADELA. Es inútil tu consejo. Ya es tarde. No por encima de ti, que eres una criada; por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por las piernas y boca. ¿Qué puedes decir de mí? ¿Que me encierro en mi cuarto y no abro la puerta? ¿Que no duermo? Soy más lista que tú. Mira a ver si puedes agarrar la liebre con tus manos.

LA PONCIA. No me desafíes, Adela, no me desafíes. Porque yo puedo dar voces, encender luces y hacer que toquen las campanas.

ADELA. Trae cuatro mil bengalas amarillas y ponlas en las bardas del corral. Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder.

Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba.


1.Contextualización del fragmento en la época y en el movimiento al que pertenece el autor y su obra.

En este fragmento tenéis que citar la obra en la que se inserta dicho texto, encuadrarla contextualmente en la época y movimiento del autor, y en su bagaje cultural, así como en la obra en la que se inserta.

2. Comentario de la estructura externa e interna de la obra y localización del fragmento.

En cuanto a la estructura externa, la obra presenta la forma clásica de la división en tres actos, el fragmento corresponde al acto II, el nudo de la obra. Concretamente al enfrentamiento que tienen Poncia y Adela, tras enterarse ésta primera del encuentro amoroso que está teniendo Adela con el futuro marido de su hermana.

Por otro lado, y de forma paralela, la obra tiene una estructura interna, cíclica y repetitiva. Cada acto nos ofrece un mismo movimiento interno: calma inicial, sucesión de conflictos y violencia final. Al fragmento citado le antecede la escena de las hermanas, e hijas de Bernarda, cosiendo y manteniendo una conversación de hombres, sin embargo, este fragmento se encuadraría en la sucesión de conflictos, momento en el que Poncia ha descubierto el juego que se trae Adela, sucediendo de este modo una disputa entre ambos personajes femeninos; y donde Adela recrimina a la criada meterse en asuntos ajenos: "Buscas como una vieja marrana asuntos de hombres y mujeres para babosear en ellos".

Hay una serie de insinuaciones constantes entre ellas, pero sobre todo, se anticipa en cierto modo el final de Adela: "Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder", una frase casi premonitoria de esa violencia final de la obra, que va aumentando y creciendo en gradación hasta el suicidio final.

3. Tema o temas del fragmento en relación con los temas de la obra.

En este fragmento predomina, como a lo largo de toda la obra de Lorca: La casa de Bernarda Alba, el tema central, que no es otro que el enfrentamiento entre la moral autoritaria que representa el personaje de Bernarda, y el deseo de libertad, como se puede apreciar en este fragmento, representado por el personaje de Adela: "Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder"/ "Soy más lista que tú. Mira a ver si puedes agarrar la liebre con tus manos".

Adela, tras su encuentro con Pepe el Romano, se impone ante las advertencias de Poncia de contar lo que está sucediendo: "No me desafíes Adela (...) Porque puedo dar voces", personaje que en esta ocasión representa la autoridad moral; Adela, sin embargo, intenta gritar que ella es libre de sus actos: "Por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca", fragmento de donde además se puede sustraer un segundo tema: el amor sensual y la búsqueda incesante de los personajes femeninos por el varón.

La irrupción en este mundo de Pepe el Romano va a desencadenar las pasiones amorosas de las hijas solteras de Bernarda, y crean una tensión y conflicto entre las mismas. Toda esta pasión amorosa se concreta a través de alusiones a referencias a historias que acontecen fuera de escena.

Además, podemos encontrar otros subtemas dentro del fragmento, como la hipocresía y el mundo de las falsas apariencias, el temor constante o la preocupación hacia la murmuración, que alude a esa obsesión por la limpieza: "En vez de limpiar la casa...", a lo que Poncia responde: "Para que las gentes no escupan al pasar por esta puerta", como una muestra de la obsesión por ocultar la realidad de lo que pasaba dentro de la casa.

Lorca denuncia constantemente en la obra la injusticia y las diferencias de clase. Plantea desde el inicio una jerarquía social bien definida, donde en el estrato más elevado está Bernarda y su familia, y en una posición inferior Poncia y la Criada, esta degradación social donde domina la crueldad y mezquindad por parte del que ocupa el estrato superior puede verse en Adela, cuando le dice a Poncia: "eres una criada". Siempre los personajes muestran humillación al que se sitúa en un estrato inferior.

El dramaturgo ha querido denunciar la marginación de la mujer en la sociedad de su época, representándolas como personajes esenciales, con una temática que está perfectamente integrada en el universo del poeta, en cada una de sus piezas siempre aparece el enfrentamiento conflictivo del principio de autoridad y libertad, dos polos opuestos, pero a la vez conjugados dentro de la obra para darle esa estructura dramática única y excepcional.

4. Técnica narrativa/dramática en el fragmento y relación con la técnica de la obra.

La técnica dramática que representa la obra dramática de Lorca se caracteriza fundamentalmente por un espacio detallado donde acontecen las acciones; un tiempo preciso y exacto donde se desarrollan estas; y una serie de rasgos lingüísticos y paralingüísticos que nos ayudan a la visualización de la escenificación en todo momento.

En primer lugar, el espacio en el drama lorquiano propuesto, se desarrolla fundamentalmente en el interior de la casa de Bernarda, en este caso, al pertenecer al Acto II, el desarrollo de la acción tiene lugar en una habitación blanca del interior de la casa. Este decorado tiene una sencillez ornamental con una simplificación de elementos y un valor simbólico, el blanco de las paredes como símbolo de pureza y virginidad de las hijas de Bernarda, y también como símbolo para ocultar las apariencias. Nos crea una sensación de monotonía y enclaustramiento, que nos lleva a sincronizarnos con los sentimientos y las sensaciones que están sufriendo las hijas de Bernarda.

Frente a este mundo interior y visible donde se encuentran las hijas de Bernarda (simbolismo del mundo cerrado, privacidad de la libertad, tristeza, frustración), y que refleja la realidad; se encuentra opuesto de forma simbólica, un mundo exterior que es aludido y presente en el drama, como podemos ver en el texto: "al pasar por esta puerta", donde el enlace de unión entre ambas realidades es Poncia, y que representa un mundo libre, abierto, lleno de alegría y felicidad, donde los impulsos eróticos pueden realizarse, refleja el deseo de los personajes. Como unión a esos dos espacios, se encuentran lugares de encuentro con el mundo exterior como es el corral citado en el fragmento: "(...) ponlas en las bardas del corral", ese lugar donde suceden los encuentros prohibidos condenados por la moral que embauca la obra.

Sin embargo, el dramaturgo precisa con exactitud la hora exacta en la que suceden los acontecimientos de la obra. El fragmento pertenece al Acto II, por tanto, lo sucedido ocurre a las tres de la tarde. No solo son indicaciones temporales que aparecen en las acotaciones, sino que los propios personajes informan del tiempo. La época en la que se inserta la obra completa es en verano: "un verano de calor sofocante y opresivo", que no aparece en el fragmento, pero se indica al inicio de la misma. Muestra de un simbolismo más del estado en el que se encontraban las hijas de Bernarda.

Además, una serie de rasgos lingüísticos nos ayudan a una mayor interpretación de la trama, como son los diálogos, en general rápidos, incisivos y breves, como en este caso, donde nos muestra las discusión y enfrentamiento que tienen Poncia y Adela: "¿qué puedes decir de mí?; y por otro lado se trata de diálogos de acción que van progresando con la acción dramática: "No me desafíes, Adela (...)".

Gracias a todos estos elementos, el teatro lorquiano es un logro de perfección que no ha encontrado herederos. La clave está en esos personajes sometidos a la represión, en un espacio y tiempo casi estático, que gracias a un silencio torturador, ese mundo lorquiano creado estalla, en ocasiones con diálogos terribles.

5. Análisis y comentario de los personajes del fragmento y su funcionalidad dentro de la obra.

La casa de Bernarda Alba es una obra con personajes exclusivamente femeninos donde la mujer alcanza un protagonismo extraordinario, convirtiéndose en el centro del drama. Todos ellos, se abordan siempre desde la soledad y la ausencia del varón que les lleva a tener una serie de frustraciones y deseos en la realidad a la que se encuentran sometidas.

En el fragmento propuesto, encontramos dos de ellas, Adela y Poncia, hija y criada de Bernarda respectivamente. La primera de ellas, Adela, ya su nombre adquiere el simbolismo de "carácter noble" algo opuesto a lo que representa. Se trata de un personaje principal visible, representa a la más jóven y hermosa de todas las hermanas. La fuerza de la pasión y del instinto la caracterizan lo que le lleva a sufrir una serie de consecuencias por el amor desenfrenado que sufre por Pepe el Romano. Caracteriza el tópico lorquiano del amor, donde se opone realidad e ilusión que se ve claramente en: "Es inútil tu consejo... por encima de mi madre saltaría para apagar este fuego que tengo levantado por piernas y boca". Es un personaje que evoca ese deseo de rebeldía y libertad frente a la dictadura que tiene Bernarda frente a sus hijas, se enfrenta en esta ocasión a la autoridad de Poncia: "Soy más lista que tú. Mira a ver si puedes agarrar la liebre con tus manos". Incluso en el fragmento se puede apreciar cierto presagio simbólico que nos lleva a lo que ocurrirá con su rebeldía: "Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder", anticipando su final trágico con el suicidio, donde consigue liberarse de la opresión y tiranía por parte de Bernarda.

Por otro lado, aparece el personaje de Poncia, con un nombre que recuerda a Poncio Pilatos, por su continua tendencia a "lavarse las manos" ante las situaciones que se le plantean. Tiene una edad similar a Bernarda, así como una misma visión de entender la relación hombre-mujer, lo que le llevará a una continua preocupación por la opinión de la gente y el concepto de moral tradicional, como podemos observar en el texto: "Para que las gentes no escupan al pasar por esta puerta".

Lorca emplea diversos procedimientos para caracterizar a los personajes a través de los diálogos. En el texto encontramos una caracterización indirecta de Adela hacia Poncia: "buscas como una vieja marrana", refiriéndose a que Poncia se está metiendo donde no le llaman, incluso le aclara su posición social: "eres una criada". Incluso una autodefinición propia del personaje, por ejemplo, Adela se autodefine: "Soy más lista que tú" y Poncia le aclara que ella es también autoridad: "No me desafíes... porque yo puedo dar voces ... y hacer que toquen las campanas". El lenguaje a lo largo del texto no tiene otro fin que caracterizar e identificar a los personajes, construirlos psicológicamente.

Por ello, aparecen a lo largo de la obra mujeres representantes de distintos estratos sociales, edades, vida social, sentimientos, que nos llevan a recapacitar sobre los diversos puntos de vista femeninos. Si el protagonista que en sus obras domina es femenino, no se debe principalmente a causas sociológicas, sino a una tradición literaria anterior desde el teatro grecolatino con Medea, hasta su unión con otros creadores del alma femenina como Rojas (La Celestina) o Clarín (La Regenta). Lo más relevante es la soledad que traspasa a estos personajes, el miedo y la angustia. Para Lorca, la función principal del teatro era promover el cambio de la sensibilidad comunitaria, y lo hace a través de la construcción de personajes psicológicamente evolucionados y perfectamente definidos, con afán de revolucionar y romper las normas sociales impuestas.

6. Análisis y comentario del lenguaje y el estudio del fragmento en relación con la obra a la que pertenece.

Para partir de un análisis del estilo de la obra, es necesario ver esa combinación de elementos: poesía con realidad. Lorca integra el lenguaje poético en el habla de los personajes mezclándolo con el lenguaje coloquial, de manera que parezca real y espontáneo.

El lenguaje coloquial aparece representado dentro del fragmento, en forma de insultos: "vieja marrana"; amenazas: "No me desafíes"; algunos vulgarismos: "¡Velo!"; frases hechas o dichos populares: "Mira a ver si puedes agarrar la liebre con tus manos", ejemplo también del doble sentido y en clave metafórica con "liebre" haciendo alusión a sus relaciones carnales con Pepe el Romano.

Sin embargo, todo este lenguaje coloquial convive con exquisitas figuras literarias: comparaciones ("como una vieja marrana"), imágenes metafóricas ("bardas del corral" como metáfora hiperbólica del deseo o "que toquen las campanas" como metáfora de una tragedia), paralelismos semánticos ("no me desafíes"), etc.

El empleo de un lenguaje característico en cada personaje, donde Adela destaca por una fuerza y violencia verbal: "apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca", frente al lenguaje de Poncia con riqueza popular, maestría en las insinuaciones y la provocación y con cierto encanto poético: "Puedo dar voces, encender luces y hacer que toquen las campanas".

Los diálogos lorquianos rebosan simbolismo y sentidos connotativos. Es difícil hallar un pasaje neutro que no esté contrapesado con cierto el doble sentido que adquiere cada fragmento. La condensación verbal de su lenguaje poemático conlleva a la confluencia de significados siempre en función de la acción dramática, adquiriendo el lenguaje siempre una carga inquietante. Este lenguaje aparece fundido e integrado en uns sistema dramático que en ocasiones gira en torno a grandes elementos simbólicos de la obra como las flores, los colores (negro, blanco, verde), el caballo, etc.